Until Then es uno de esos títulos que temes reseñar porque sabes que ninguna palabra le hará justicia. Es un pequeño tesoro escondido entre las páginas de Steam, una experiencia que se vive y se siente. No es solo una historia bien contada, sino un espejo en el que inevitablemente te ves reflejado.
Algunos juegos narran historias, otros te invitan a vivirlas. Pero hay unos pocos que logran algo más: te obligan a mirar dentro de sus personajes, preguntándote hasta qué punto sus heridas, miedos y silencios no son también los que alguna vez fueron los tuyos. Until Then no se conforma con la simple observación de la realidad; su historia se despliega con una sutileza que se siente como una herida que apenas empieza a doler.
Desde el primer instante, su mundo se siente tangible y realista, no por la espectacularidad de su apartado visual, sino por la sencillez de lo cotidiano. Mark, nuestro protagonista, no es más que un joven atrapado en la rutina y los pequeños dramas de la vida, como cualquiera de nosotros. Pero esa aparente normalidad esconde heridas más profundas.
El recurso de las redes sociales dentro del juego refuerza su realismo. Las noticias acerca de la terrible catástrofe que ha asolado la ciudad recientemente generan comentarios políticos, discusiones sociales, y diferencias entre los usuarios. Algunos hacen memes, otros comparten su arte, su día a día o simplemente se mantienen en contacto con familiares y amigos. Todo esto lo vivimos a través de Mark, como si fuéramos parte de su mundo. Pequeñas acciones como responder un mensaje o elegir una palabra en una conversación nos sumergen aún más, haciéndonos sentir responsables de las vidas y relaciones que giran en torno a él.
Sin embargo, lo que realmente distingue a Until Then no es su jugabilidad, sino la manera en que aborda las realidades más duras de la vida. Temas profundos como la soledad, el miedo a no destacar, los problemas familiares (tanto por ausencia como por violencia), los traumas latentes, la falta de superación, la falta de comunicación y las cicatrices de un pasado doloroso, se presentan con tal delicadeza que cualquiera, sin importar su historia personal, puede sentirse reflejado, encontrando un pedazo de sí mismo en este título. Su narrativa es un viaje espiritual y emocional, uno que deja una marca imborrable.
Los personajes no son simples figuras en una pantalla. Son seres humanos, complejos y profundamente imperfectos. Cath, Mark y Nicole, por ejemplo, no son solo nombres en una narración, sino seres que respiran, que sienten y que se quedan contigo. Personas con historias que resuenan en nuestras propias experiencias: sus traumas, sus procesos de superación, sus silencios y secretos, forman parte de un viaje donde cada escena y cada diálogo, transmite emociones reales, con momentos cargados de detalles sutiles, angustias y tormentos, reflejando la vida misma en toda su crudeza y melancolía. Cada elección, cada conversación, está impregnada de una autenticidad emocional que, al final del viaje, te deja la sensación de haber vivido una parte fundamental de sus vidas.
La historia se divide en 3 actos, cuya ‘‘rejugabilidad’’ no solo aporta valor, sino que también profundiza el vínculo emocional con las narraciones que el título nos presenta. Cada acto trae consigo una nueva capa de entendimiento sobre los personajes y la historia, invitando a experimentarlo de nuevo para descubrir otras facetas de la narrativa.
A pesar de su duración (quizá un poco extensa contando los 3 actos), nunca se hace pesado. Al contrario, al llegar al final ‘‘verdadero’’, solo quieres seguir siendo parte de esas vidas. Aun así, no necesita de segundas partes ni explicaciones: es un viaje que deja huella, una de esas experiencias que recomendaría sin dudarlo a cualquiera que valore las historias que realmente despiertan emociones.