The Procession to Calvary continúa el estilo de su antecesor, ofreciéndonos más dosis de humor, caos y parodia que, aunque efectiva, no llega a alcanzar las cotas de su predecesor, Four Last Things. Si bien el juego sigue siendo una experiencia única, es difícil no notar que la fórmula se siente más “tontorrona” y simple, perdiendo algo de la frescura que caracterizaba a la primera entrega.
La historia sigue una premisa similar, con una protagonista que se ve envuelta en una serie de eventos absurdos y grotescos. Sin embargo, el enfoque cambia ligeramente: La guerra ha terminado, comenzando una época de paz, pero el deseo más querido por Bellona, nuestra protagonista, sigue siendo el mismo: aniquilar, matar y empalar a todo ser viviente que se nos cruce en el camino. Aquí, el caos parece más como un medio para aligerar la experiencia, pero pierde un poco el encanto que tenía en Four Last Things, donde las acciones del protagonista seguían un ritmo más fluido y natural.
A diferencia del primero, cuya trama atrapaba rápidamente, The Procession to Calvary se toma su tiempo en arrastrarte hacia su historia, aunque esta no tenga tanta fuerza o atracción. La jugabilidad, aunque sigue teniendo su dosis de humor y absurdidad, parece más repetitiva en su enfoque hacia los puzzles y las interacciones con personajes que, aunque tienen sus toques, no logran igualar la chispa que tenían en la primera parte.
Lo que sigue siendo destacable son las referencias visuales y satíricas, que siguen jugando con el arte medieval de una manera muy bien tratada. Los retratos y las situaciones absurdas que rodean a los personajes, combinados con una banda sonora igualmente apropiada, continúan dando al juego ese aire de parodia sublime que es tan atrapante.
Sin embargo, en cuanto al humor, aunque se mantiene en el mismo tono irreverente, siento que la secuela se siente más simple y menos aguda que su primera entrega. La mezcla de lo absurdo con lo satírico sigue funcionando, pero la falta de una trama y un humor más desarrollado, deja la sensación de que el juego no se siente al mismo nivel. Es como si el toque humorístico, en algunos momentos, se hubiera vuelto menos ingenioso, o hubiera pasado de absurdo a simplista, e inclusive sin gracia.
A pesar de todo, The Procession to Calvary sigue siendo un título recomendable para quienes disfrutaron del primer juego. La parodia sigue siendo efectiva, la estética visual sigue brillando y las situaciones absurdas siguen siendo admirables. Sin embargo, si esperabas una secuela que superase a su predecesor, tal vez te sientas un poco desencantado por cómo ha cambiado el enfoque y el tono general del juego en ésta segunda entrega.